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La costumbre navideña de colocar figuras que representan el momento del nacimiento de Jesucristo la comenzó San Francisco de Asis. La idea se originó por inspiración cuando se encontraba predicando en la campiña de Rieti, Italia. Se dice en diciembre del año 1223 el invierno sorprendió al humilde predicador que vestía ropas muy gastadas, por lo que se refugió en la hermita de Graccio. En la noche de navidad, mientras oraba y leía a San Lucas, se le ocurrió reproducir el sagrado momento del nacimiento de Jesús, así que construyó una casita de paja con la entrada en forma de portal, colocó un pesebre en su interior, trajo un burro y un buey que estaban cerca e invitó a algunos de los campesinos que estaban cerca para que representaran el momento de la adoración de los pastores. La hermosa idea comenzó a ser practicada por los católicos de Italia, luego se extendió por España y posteriormente por Europa. Hacia finales del siglo XV, los actores que protagonizaban la natividad comenzaron a ser sustituidos por figuras de barro. Durante el siglo XV y XVI, los frailes franciscanos trajeron la costumbre a América, volviéndose una actividad obligada durante la navidad en las comunidades cristianas. A partir de ese momento la iglesia católica promovió en los templos, hogares y sitios públicos, las representaciones del nacimiento del niño Jesús, a fin de que creciera el interés por las fiestas navidadeñas como una exaltación a Cristo.